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El vértigo de la IA: del oficio profundo a la generalidad ansiosa
Pasamos de dominar dos o tres programas a perseguir cientos. No es libertad, es vértigo. Y creo que la salida está en volver a pensar como un artesano: pocas herramientas, un objetivo claro, mucha repetición.
¿En qué momento pasamos de especializarnos en dos o tres programas —con todas sus herramientas: Photoshop, Illustrator, etc.— para explorar nuestra creatividad, a perseguir cientos de programas con apenas dos o tres funciones cada uno?
¿Es esto una expansión de nuestra creatividad o un limitante? ¿Y dónde radica ahora nuestro toolkit?
La era de la maestría profunda
Hagamos la comparación con un artesano o un carpintero. La maestría se construye con la repetición y la práctica, sí, pero también con el uso íntimo de sus herramientas: cada día, aplicando una técnica con una herramienta distinta, hasta que la mano sabe lo que la cabeza apenas alcanza a explicar.
Eso, para mí, era parte del ejercicio del diseñador. Conocer las herramientas le permitía llegar a la maestría. Y conocerlas no significaba leer el manual. Significaba pasar cientos de horas adentro de Photoshop, equivocándote con las capas, descubriendo un atajo por accidente, entendiendo por qué un kerning de –5 lee mejor que uno de 0.
Aquí debo adelantarme a una objeción justa: alguien dirá que el Photoshop de 1995 no es el Photoshop de 2026. Adobe lanza actualizaciones mayores cada año, y la herramienta de hace 30 años casi no se reconoce hoy. Es cierto. Pero el principio es el mismo: la maestría se construye sobre un conjunto estable de herramientas, no sobre la novedad constante. La actualización anual la absorbés en una tarde si conocés los huesos del software. La aplicación nueva que probaste ayer no te dejó músculo, te dejó capturas de pantalla en una carpeta llamada "explorar".
Richard Sennett, en El artesano, lo formula sin sentimentalismo: la maestría hace que el contenido de la repetición cambie, no que la repetición desaparezca (Sennett, 2008). El que repite con criterio ve, en la centésima repetición, lo que el principiante no ve en la primera.
La era del vértigo
Esto fue cambiando con el tiempo. Pasamos de la especialidad a la generalidad. Y esta generalidad, hoy, cambia todos los días.
Hace un par de años bastaba con conectarnos a los lanzamientos grandes de las casas de software y hacer una actualización pequeña para apropiarnos de las funciones nuevas. Ahora todos los días sale una nueva aplicación, vendiéndose como "más fácil", "más eficiente", o "más realista". Y si lo vemos con honestidad, esa proliferación reduce realmente nuestro potencial creativo, no lo expande.
Esto no es solo intuición. Una encuesta de RingCentral con 2.000 trabajadores del conocimiento encontró que 7 de cada 10 pierden hasta una hora diaria sólo cambiando entre aplicaciones (IBM / CITE Research, 2024). Productiv calcula que cerca del 50% de las licencias SaaS están subutilizadas (Productiv, 2024). En la jerga lo llaman SaaS sprawl. Yo le digo vértigo: la sensación de estar perdiéndose algo, en bucle.
Como mencionaba en otro artículo de esta serie, las nuevas tecnologías son herramientas que nos permiten romper barreras —y es ahí donde un profesional puede destacar teniendo conocimiento previo de las herramientas y de lo que se puede hacer con ellas, cómo mejorar su flujo de trabajo, incluso crear en medios o áreas que antes, por conocimiento o capacidades, eran imposibles. Pero ese destaque no se consigue probando 40 apps al año. Se consigue dominando pocas, muy bien.
El reframe: la pregunta antes del clic
Basado en ese principio, cuando aparece la ansiedad por "estar al día" con las últimas o "mejores" herramientas, hay que dar un paso atrás.
Cualquier herramienta puede funcionar. El principio sigue siendo el mismo y es el más importante:
- ¿Cuál es mi objetivo?
- ¿Qué deseo lograr?
- ¿Cuál es el resultado esperado?
Esto permite construir un roadmap, y dentro de ese roadmap, saber cuál es realmente la mejor herramienta —en términos de costo, de eficiencia de tiempo, de cantidad, de calidad, de lo que vos definas como criterio.
El ejercicio es viejo. La diferencia es que, en 2026, no hacerlo te tiene corriendo detrás de un lanzamiento nuevo cada 48 horas.
Un ejemplo concreto, de hoy
El profesional que mejor usa IA y diseño este año no es el que probó 40 aplicaciones nuevas. Es el que dominó cuatro —digamos, Figma, Cursor, Claude, ChatGPT— y entendió cuándo usar cada una. Sabe cuándo prototipar en Figma y cuándo escribir directamente en código. Sabe cuándo pedirle a Claude un brief y cuándo no. Tiene un flujo, no una lista de pestañas abiertas.
Eso es lo que mira un buen cliente cuando contrata a alguien hoy. No tu menú de logos. Tu criterio de cuándo usar cada herramienta.
La disciplina de las cuatro herramientas
Mi recomendación operativa, salida de práctica más que de teoría:
- Elegí cuatro herramientas que cubran tu cadena de valor. Una para pensar, una para diseñar, una para producir, una para comunicar.
- Dales seis meses sin saltar. El primer mes te vas a sentir limitado. Al tercero, vas a ver cosas que no veías.
- Probar lo nuevo, sí — pero como ejercicio, no como adopción. Una tarde al mes para mirar lo que salió. No tres horas diarias.
- Volver al objetivo siempre que aparezca la ansiedad. ¿Esto me acerca a lo que quiero construir, o me distrae?
No necesitás saber 100 herramientas. Necesitás saber cuatro muy bien. Y, sobre todo, necesitás saber para qué.
El vértigo no se cura mirando más. Se cura eligiendo.